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No entres

Me estoy quitando la piel antes de escribirte y si me interrumpes puedo arrancar más de lo necesario, más de lo debido, más de lo recomendable. Escribirte a oscuras es necesario porque no ver lo que tengo delante me permite expresar el enfado, a veces el amor, que llevo dentro. No sé distinguirlos, pero tampoco pido que me perdonen. No entres. Todavía no entres, no estoy aún destrozada ni mirando al suelo ni siquiera pensando en ti. La verdad es que ahora mismo solo estaba pensando en qué comer esta noche, qué merendar mañana. No entres. No deberías verme así, despreocupada, impasible, frustrada pero sin necesitarte.  Escribirte de noche, a oscuras, da menos miedo. Si abres esta puerta y miras qué hay dentro, cómo soy y con qué se cubre mi piel cuando la desgarro, vas a saber demasiado, tendría que matarte, ¿sabes? No entres. No vale la pena, estoy yo dentro y ya es suficiente. Puedo ir susurrándote el plan de huida, pero no fuerces esa puerta, no pases aquí dentro, donde estoy yo ...

Goodbye Yellow Brick Road

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    Oh, I've finally decided my future lies Beyond the yellow brick road.    

Alguien debería prohibir los domingos por la tarde

Pienso que sí, Coixet. Que alguien los quite ya porque no son más que estorbo. No son más que una excusa para aparecer por ese blog que llevas en secreto o el chat de tu ex que no deja de tentarte. El domingo por la tarde no sirve ni siquiera para procrastinar porque eso significaría hacer cosas el lunes, a comienzo de semana, algo impensable para un procrastinador sensato. No sé qué autoridad tiene competencia para hacerlo, pero si se prohibieran los domingos por la tarde pienso que los pondríamos en valor, dejarían de ser la peor sensación del mundo, la pereza máxima de las perezas. Si se prohibieran, estoy segura de que en el mercado negro habría versiones medio convincentes de que algo se puede hacer de provecho un domingo, más allá de trillar el sofá o desgastar los botones del mando de la tele pasando de una peli a otra en bucle (¿alguien todavía ve la tele los domingos por la tarde?) o escuchar todos los episodios de un podcast de un tirón aunque no seamos consumidores de la cha...

figura omnicomprensiva

quiero ser omnicomprensiva, como dice L. en sus enrevesados y diabólicos artículos de 54 páginas, esos en los que a veces sientes que no sirves para leer, escribir y ni siquiera afirmar que eres hablante de lengua española. pero no sé si se refiere a que todo lo comprendes o a que eres comprensiva con los demás. es lo mismo, en realidad, pero en el primer caso veo solo a una persona, comprendiendo todo al vuelo, sin necesidad de decir palabras innecesarias para tantear qué pasa por la cabeza de los demás y luego intentar descifrar qué ocurre en su propia cabeza y, en el segundo caso, veo a esta misma persona, pero rodeada de un círculo de personas que le cuentan sus problemas y ella asiente a todo, todo lo comprende, todo tiene remedio, ella es el remedio.  quiero ser omnicomprensiva pero no quiero tener que comprender el motivo de las cosas malas, el motivo de las personas malas y, sobre todo, el motivo de mi propia maldad en mí y contra mí. o peor, contra los demás.  quiero ...

Mi primer tren a Barcelona, ¿y si se descuelga el vagón?

Creo que voy a dejar de pensar qué escribir aquí porque, ahora que tengo fecha y (potenciales) billetes, no tiene sentido seguir penando. Que sí, que es lo divertido, que se hace casi realidad, que ya estoy casi embarcada, pero no, no quiero. No quiero estar borracha en Philadelphia y sentir que el mar de Málaga es inalcanzable. Sobre todo, porque estando en Málaga nunca voy al mar. Me niego a creer que en siete meses llevaré la mitad allí y desearé estar aquí en la otra mitad. El mitad doble dejará de existir porque todo era una broma pesada en la que se confabularon los camareros de toda Málaga y un niño rubiopelirrojo que querían tomarme el pelo. Nadie va a bailar en el metro ni a sacar libros de Luis Fernando Lara. Y qué le diremos al conserje Domingo cada lunes, y quién va a visitar al señor del despacho “Pasen sin llamar”. Quién será insoportable y mirará al profe y luego al resto para ver si alguien más escucha o estamos todos pasando. Todos los trenes que he tomado, los puedo c...

Circunloquio para las Reinas Magas

  queridas reinas magas: Creo que os necesito, busco alojamiento en algún lugar que no tenga témpanos ni sea líquido ni huela a licor de cereza. Me gustaría que tuviese vistas al río verde de las mil campanas. Me haríais un favor si tuviera conexión wifi, chocolate en los armarios y CDs de Mario Biondi y semillas para poner un huerto yo misma y alimentarme de todo lo que no sean dudas y falsos “estoy bien” e ilusiones que no me llevan a ninguna parte. Quiero dejar de fumar, pero están tan baratas las ráfagas de Instagram que no acabo un paquete y ya me estoy comprando el siguiente. El conserje se leyó mi periódico y supo lo mal que ando, la limpiadora de mi edificio rompió la escalera y cortó el paso al loco que me persigue, el jardinero le ha puesto extensiones a los árboles porque podó demasiado las mañanas, y yo ya no lo soporto. Por eso, reinas, solicito asilo. Dadme una noche de asilo como a Mon Laferte, dadme una copa de algo, una sartén una paleta de madera dos tomates unos ...

J'ai vécu jusqu'ici de leçons de solfège

Dejé las clases porque era el momento de rebelarse, de portarse mal. Y si no lo hubiera hecho creo que silbaría menos y cantaría mejor. Lo cierto es que me arrepiento pero es maravilloso ponerse la medallita y decir, nononononoo, yo es que empecé y tengo alguna idea pero luego vi lo aburridísimo que era y dije: ah non, merci! Luego, claro, quería tocar la guitarra y ya no me dejaron, o no insistí lo suficiente. ¿Quizás pensaron mis padres que también dejaría las clases de guitarra como dejé las de piano? No sé.  Hay gente a la que le aterran los textos enormes, pero yo temo siempre poner comas y puntos y reducirlos porque pienso que son como partituras que deben durar todo lo que pueda aguantar una orquesta tocando instrumentos y un director agitando el dedo o la batuta. Est-il près? Est-il loin? Est-il à Rochefort? Yo quiero contarlo todo, quiero pero cuesta mucho y pierdo las ganas y doy vueltas y divago y no digo nada pero tardo muchos párrafos en reconocerlo, sans amour sans ad...

ça ira tu verras

no tengo los billetes, no me he ido y no te echo de menos porque te tengo aquí, aquí mismo en este sofá diciéndome tequiero , un año después sin decir palabra porque estás ocupado en mejores esfuerzos, y no tengo los billetes, no iré a renovar pasaporte, no me voy a ninguna parte más allá de tu regazo porque me llamen al teléfono y lo tenga que coger para no irme del caminito y echar todo por la borda, ya sabes: no tengo los billetes no tengo agua, cerveza ni tomate triturado en lata, nada de eso, tampoco los billetes. si quieres, compramos entradas para ir a ver a un señor sin pelo hablar sobre la digitalización de documentos antiguos en el palacio de Carlos v, planazo. los billetes no los compro, ni el pasaporte lo renuevo, porque volveré antes de que caduque, antes de que cante un gallo macondil de los que están prohibidos entre tú y yo y nuestros cien años de insoportable relación.  vente a ver las estrellas de Pennsylvania, que no sé si serán bonitas, pero creo que d...

another hundred people just got off of the train

ya no tengo secretos porque lo estoy soltando todo y de repente un detalle aquí otro allá y suelto el agarre que tengo de todos los minúsculos fragmentos de quien soy y nadie sabe encontrar y no me importa y no es obligación ni requisito para construir pero me hace mirar más alto y a ti mirarme con más ternura o a mí mirarme con menos extrañeza a mí misma cosa que no viene mal cosa que no sé si es normal cosa que no importa ni preocupa ni incumbe a nadie yo soy basta eres somos es y ocurre. Menos mal que hablar, hablamos, que nos sujetamos fuertemientre . 

obedezco a la primera pero siempre llego la última

Yo reconocía más cuadros de Velázquez a los tres años que mi hermano, con quien me llevo seis. En la misma clase donde conocí a Velázquez, también dibujé la niña con la palomita en la mano y una pelota de colores a la derecha, de Picasso; una señora de azul con un paraguas y un traje que me recordaba a Mary Poppins, película que vi en mi infancia cinco de los siete días que tiene la semana. Me aprendí el papel de la Golondrina Uno para la obra de teatro de 3º de Primaria, El príncipe feliz , y fue mi  debut  y el escenario con un haz de luz era para mí solita. el público a oscuras me inundó y era yo sola, entonces, la que llevaba la obra en sus hombros, fui consciente allí mismo de la  palabra , y si me quedaba en silencio nadie la decía, solo yo tenía esa responsabilidad ese poder y ese turno único e incomparable (quizás, solo, al de la Golondrina Dos). luego el miedo a la palabra me hizo ser siempre el ángel o el arcángel (dos personajes, un mismo disfraz), excepto la v...