Mi primer tren a Barcelona, ¿y si se descuelga el vagón?
Creo que voy a dejar de pensar qué escribir aquí porque, ahora que tengo fecha y (potenciales) billetes, no tiene sentido seguir penando. Que sí, que es lo divertido, que se hace casi realidad, que ya estoy casi embarcada, pero no, no quiero. No quiero estar borracha en Philadelphia y sentir que el mar de Málaga es inalcanzable. Sobre todo, porque estando en Málaga nunca voy al mar. Me niego a creer que en siete meses llevaré la mitad allí y desearé estar aquí en la otra mitad. El mitad doble dejará de existir porque todo era una broma pesada en la que se confabularon los camareros de toda Málaga y un niño rubiopelirrojo que querían tomarme el pelo. Nadie va a bailar en el metro ni a sacar libros de Luis Fernando Lara. Y qué le diremos al conserje Domingo cada lunes, y quién va a visitar al señor del despacho “Pasen sin llamar”. Quién será insoportable y mirará al profe y luego al resto para ver si alguien más escucha o estamos todos pasando. Todos los trenes que he tomado, los puedo contar con los dedos de la mano, me han llevado a un yoquésé remoto, donde el agua cuesta dos euros y el detector de mentiras no funciona porque no tuve que quitarme el cinturón ni los zapatos. En tren he sido una niña de campo que nunca he sido, he llorado por el Cid y he pensado que nunca existiría un medio de transporte más bello. Venecia, Coruña, Barcelona, Madrid (lo siento, pero qué pereza Madrid), la parada en Antequera que siempre he querido hacer, Segovia, Valladolid, Palencia, Rusia con Miguel Strogoff, el Tren cargado de misterios de Care Santos, la noche del Polar Express y el 9 y 3/4 que todos deseamos haber conocido. En The Tourist, ese elegante tren de lujo, en Before Sunrise la lectura y dos desconocidos, alguna peli de Ghibli, mi miedo a descarrilar, John Mayer y la vida que da vértigo, Sarah Jackson Holman y el miedo a no querer queriendo. Y así sin acabar, así dándome cuenta de que puedo no callarme nunca y seguir seguir y seguir y luego borrar borrar y borrar.
Respira, respira, que no hay despedida
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