los miércoles es más barato

isabel coixet me habla desde nuevayork en el programa de radio que escucho en mi ordenador y que volveré a escuchar luego en un podcast, posiblemente. P. soñó hace un par de semanas que yo rodaba una película con Isabel Coixet. Nunca me lo había planteado –rodar una peli–, pero sí es verdad que cuando escucho a tantas directoras que dicen haber empezado bastante tarde en sus vidas a formar parte del mundo del cine; que dicen que llegaron casi por casualidad en un golpe de suerte, un curro nuevo, un alguien que faltó al trabajo y que ellas aprovecharon sin saberlo para saltar, ay... Ahí puede que mi corazoncillo tonto se haya hecho ilusiones, secretamente. 

Lo que no sé es cómo P. y su subconsciente dieron en el clavo y nos imaginaron ya claramente a la Coixet y a mí paseando, hablando de una peli, de localizaciones, de posibles historias que contar... ¿qué contarías, S.? P. escribirá el guion, o eso hemos pactado. (Es lo menos que se puede hacer por alguien que ha soñado ya claramente tu sueño más escondido). 

El caso es: no es que me dé vergüenza admitir que es mi sueño (¡ESO, y trabajar para la guía Michelin!), pero yo supongo que rodar una peli, como escribir un libro, quiere decir tener algo que contar. (¿Qué contarías, S.?) También quiere decir saber qué musiquita ponerle a cada escena, porque para mí eso es esencial y casi de lo que más me gusta en una peli; que la música me embauque y me haga creer –ya fuera del momento de estar viendo una peli en sí– que yo puedo estar dentro de una peli (o en mi propio videoclip musical, como diría una amigalinda). Elegir una buena banda sonora es de lo más delicioso que existe, de los placeres más accesibles, después de sentarse bajo el solecito en una terraza. Cuando mi madre aún tenía la peluquería recuerdo que poner música era de las cosas más importantes, y que había que saber leer el momento para dar con la canción adecuada (esto nunca me lo dijo, pero en toda mi fantasía de infancia peluqueril es una de las máximas que inventé, como tantas otras). No siempre puedes fiarte de la radio. O, al menos, no puedes fiarte cuando no se trate del programa de radio de la coixet, que en cada programa se marca una lista de reproducción interesante (incluso cuando se trata de fumadas instrumentales, lo clava). 

¿Qué contarías en una peli? Contaría miradas y silencios, creo yo. Eso es muy difícil de contar. 

Contaría los silencios que no se eligen y las miradas que no se esperan. (Pero eso ya lo cuentan, en realidad, muchas otras películas. Muchos otros libros, también). Contaría el intentar llegar y no llegar del todo, sin más. Contaría el perfect days perpetuo en el que debe reaprender a vivir una persona cuando rompe con su pareja; contaría una historia de terror, como la que a veces imagino pensando en quienes son amigos de un maltratador y no lo saben, o lo saben y lo tapan. Contaría el fenómeno matilda sin ningún tipo de romance, ni telequinesis, ese mediante el cual de verdad tu vida pega un giro de 180º porque te sostienen o escuchan quienes no imaginas que puedan llegar a hacerlo. Contaría nada de esto y mejor, en realidad, un cinco horas de sobremesa salvaje y que llevase a las lágrimas, como los que van a ocurrir en diciembre mismo. 

Como nada de esto va a ocurrir, lo que hago es optar por ir al cine. Todo el mundo sabe que los miércoles es más barato.

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