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Mostrando entradas de febrero, 2026

Diarios de Guangdong

Restaurante Guangdong. Carretera de la costa. Mi padre nos lleva a cenar arroz frito y carne picada servida en hojas de lo que recuerdo como algún tipo de lechuga, igual era col china(?). Cada vez que pasaba con el coche por allí levantaba la mirada y escrutaba ese horizonte veloz y de letrero iluminado, intentando averiguar si estaban ahí, si habían ido hoy también a cenar, a almorzar. Como tener padres divorciados era tener dos universos paralelos, yo siempre que estaba en uno me preguntaba qué ocurría en el otro. El vivir apurado de una hija olvidada que constantemente tiene en mente al padre (con preguntas, expectativas y más universos) ha empezado a pesar hoy un poquito más que el resto de días. Cantón no me decía nada cuando lo escuché por primera vez. El mundo oriental y China no me decían mucho tampoco; sin más.  ¿Qué le parecería ahora que yo estudiara diarios de Guangdong? A él le interesaba bastante todo lo que tuviera que ver con China, creo. Puestos a preguntar (q...

La elegancia del ascensor

Mi vecina llora y aúlla al otro lado de la pared. Luego vuelve con él, o él con ella; yo me hago pequeñita. Una mujer que conozco no llora, pero se rompe a cachitos por dentro cada vez que el marido se cruza de brazos. Se hace pequeñita ella también. Hay en este edificio  un señor   que es como un marinero, mayor, de los que ha surcado océanos y ha fumado con pipa.  De los que ha tenido que pasar mucho frío y tener un chubasquero azul que no protegía de ninguna tormenta. Tiene barbita blanca, pelo canoso, es alto y anda despacio y con zancadas largas que le hacen subir y bajar como si lo moviera la marea de olas en un barco permanentemente. Hoy he sabido que lleva seis años haciendo un pacto con la muerte, que le ha alargado el plazo y mantenido el alquiler de estos últimos sorbos de vida. No hace falta leer a Muriel Barbery, porque la conserje no se podrá enamorar de un vecino japonés recién llegado y luego morirse, pero aquí, en este marinero-vecino, veo ya una historia...