Alguien debería prohibir los domingos por la tarde

Pienso que sí, Coixet. Que alguien los quite ya porque no son más que estorbo. No son más que una excusa para aparecer por ese blog que llevas en secreto o el chat de tu ex que no deja de tentarte. El domingo por la tarde no sirve ni siquiera para procrastinar porque eso significaría hacer cosas el lunes, a comienzo de semana, algo impensable para un procrastinador sensato.

No sé qué autoridad tiene competencia para hacerlo, pero si se prohibieran los domingos por la tarde pienso que los pondríamos en valor, dejarían de ser la peor sensación del mundo, la pereza máxima de las perezas.

Si se prohibieran, estoy segura de que en el mercado negro habría versiones medio convincentes de que algo se puede hacer de provecho un domingo, más allá de trillar el sofá o desgastar los botones del mando de la tele pasando de una peli a otra en bucle (¿alguien todavía ve la tele los domingos por la tarde?) o escuchar todos los episodios de un podcast de un tirón aunque no seamos consumidores de la charla en diferido.

Si se prohibieran los domingos por la tarde, digo, creo que todos aspiraríamos a llegar intactos, a la emoción de transgredir las normas y comérnoslo con todo el gusto del mundo, como si no hubiera mañana, ni lunes, ni nada. 

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