Circunloquio para las Reinas Magas
queridas reinas magas:
Creo que os necesito, busco alojamiento en algún lugar que no tenga témpanos ni sea líquido ni huela a licor de cereza. Me gustaría que tuviese vistas al río verde de las mil campanas. Me haríais un favor si tuviera conexión wifi, chocolate en los armarios y CDs de Mario Biondi y semillas para poner un huerto yo misma y alimentarme de todo lo que no sean dudas y falsos “estoy bien” e ilusiones que no me llevan a ninguna parte. Quiero dejar de fumar, pero están tan baratas las ráfagas de Instagram que no acabo un paquete y ya me estoy comprando el siguiente. El conserje se leyó mi periódico y supo lo mal que ando, la limpiadora de mi edificio rompió la escalera y cortó el paso al loco que me persigue, el jardinero le ha puesto extensiones a los árboles porque podó demasiado las mañanas, y yo ya no lo soporto. Por eso, reinas, solicito asilo. Dadme una noche de asilo como a Mon Laferte, dadme una copa de algo, una sartén una paleta de madera dos tomates unos ajos orégano y aceite del buenobueno. Para ganar la carrera tengo que vender mis dientes, saltar las vallas, soltar el aire y explicar que la identidad da miedo, que es más sutil un circunloquio. Reinas, se me ha olvidado quién soy. Creo que busco alojamiento en algún lugar que sea tranquilo, pero donde no estar sola ni sentir la prisa del mundo. Si ustedes conocen algún remedio o alguna excusa o algún conjuro y tienen permiso y derechos de autor, denme la pócima, véndanme el brebaje, quiero todas las perlas preciosas de ese alivio imposible. Y después quiero escupirlo todo, una vez lo besen mis labios. Queridas reinas magas, quiero poder servirme en mi plato y saborear lo que con tanto esmero cocino, es mi mayor deseo. Búsquenme un hogar, prometo cocinar todos los días las tardes y las noches.
También tengo otro deseo. Deseo que esta carta les encuentre a sus majestades en casa, en una mesa o una silla, o en una cama preferiblemente, ojalá acompañadas, ojalá a solas consigo mismas. Deseo que esta carta no pierda su camino y se desvíe, llegue a otros reinos donde haya sentido común y pies en la tierra, no. Esta carta debe llegarles a ustedes, Reinas, porque ustedes son las únicas que tienen suficiente información para desbaratarme por completo, y aún así sé que nunca lo intentarían.
Besos de tulipán y mariposas de mantequilla.
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