J'ai vécu jusqu'ici de leçons de solfège
Dejé las clases porque era el momento de rebelarse, de portarse mal. Y si no lo hubiera hecho creo que silbaría menos y cantaría mejor. Lo cierto es que me arrepiento pero es maravilloso ponerse la medallita y decir, nononononoo, yo es que empecé y tengo alguna idea pero luego vi lo aburridísimo que era y dije: ah non, merci! Luego, claro, quería tocar la guitarra y ya no me dejaron, o no insistí lo suficiente. ¿Quizás pensaron mis padres que también dejaría las clases de guitarra como dejé las de piano? No sé.
Hay gente a la que le aterran los textos enormes, pero yo temo siempre poner comas y puntos y reducirlos porque pienso que son como partituras que deben durar todo lo que pueda aguantar una orquesta tocando instrumentos y un director agitando el dedo o la batuta. Est-il près? Est-il loin? Est-il à Rochefort? Yo quiero contarlo todo, quiero pero cuesta mucho y pierdo las ganas y doy vueltas y divago y no digo nada pero tardo muchos párrafos en reconocerlo, sans amour sans adieu. Así que estoy harta del solfeo y estaba viendo una película hermosa donde la música ha atrapado a todo un pueblo y sus colores y el verano de 1966, el año en que nació mi madre, vaya, no lo había pensado antes. Un pueblo que estaba dormido y mi-fa-sol-fa-mi-re-y no recuerdo las demás notas, ya sabes, dejé el solfeo en segundo curso.
¿A quién se cuentan las aventuras maravillosas vividas mientras los demás duermen, sin saber que hay por lo menos veinte películas en francés que pueden verse de una sentada y sin remordimientos, y una música que envuelve y te enlaza irremediablemente a generaciones anteriores que sí saben de la maravilla pero a las que no se puede llamar por teléfono para contarlo? Tu sais, tu ne risque rien de plus, que d'être légèrement déçue. Lo contaré, ya digo que lo contaré porque no me aguanto callada y quizás debería pero no, quizás lo borre pero no, aquí seguimos, seguimos seguimos en la brecha, en las mechas, en la guillotina (solo una persona entendería esto, o puede que más).
No importa. Lo dejé. Es todo. Pero ahora no puedo celebrar que un concierto haya sido magnífico sin sentir remordimientos (Gewissebissen) ni puedo grabar un disco con J. a la guitarra y N. siendo mi corista (o yo la suya, o las dos coristas de algún tercero). Siento que sé tanto solfeo como latín. Cuando veo una inscripción latina intuyo voces, intuyo estructuras, pongo los puntos y las comas y el tono y la pronunciación pero no leo la partitura, no distingo todas las notas, me marean los pentagramas, las claves y desclaves y los cónclaves habrán elegido otro nuevo Papa y no seré yo quien se oponga, porque dejé de rezar al dios pagano de la armonía y miré con desprecio todo lo que tuviera que ver con un Magíster y las puellae. Dejé las clases porque era el momento de rebelarse, de portarse mal.
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