figura omnicomprensiva

quiero ser omnicomprensiva, como dice L. en sus enrevesados y diabólicos artículos de 54 páginas, esos en los que a veces sientes que no sirves para leer, escribir y ni siquiera afirmar que eres hablante de lengua española.

pero no sé si se refiere a que todo lo comprendes o a que eres comprensiva con los demás. es lo mismo, en realidad, pero en el primer caso veo solo a una persona, comprendiendo todo al vuelo, sin necesidad de decir palabras innecesarias para tantear qué pasa por la cabeza de los demás y luego intentar descifrar qué ocurre en su propia cabeza y, en el segundo caso, veo a esta misma persona, pero rodeada de un círculo de personas que le cuentan sus problemas y ella asiente a todo, todo lo comprende, todo tiene remedio, ella es el remedio. 

quiero ser omnicomprensiva pero no quiero tener que comprender el motivo de las cosas malas, el motivo de las personas malas y, sobre todo, el motivo de mi propia maldad en mí y contra mí. o peor, contra los demás. 

quiero ser omnicomprensiva, como dice L. sobre los artistas de noséqué siglo, nosécuán grado de prometeísmo y noséparaqué loable finalidad, pero que nadie lo sepa porque entonces dejaré de tenerme y pasaré a ser objeto de estudio, explotación y corrupción de las tranquilas mentes que discurren por la vida sin miedo a llegar al final, absueltos de culpa y remordimientos. no querría ser molestia, sabe usted?


ese otro yo apariencial cuya contextura física resistirá a la voracidad del tiempo
desencadena la autoconciencia trágica del sujeto que asiste a la ejecución de
su retrato e interpela al pintor

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