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una sabe cuándo administrar las tranquilidades

Hola, linda amiga.  Te hago update ahora que tngo la cabeza algo más despejadilla. Me he quedado en casa ayer y hoy practicando [x] y ahora dándole caña a [y] porque tenía que reestructurar muchísimo (y me queda todavía darle heavy a [z], pero llegar llego, como siempre) A la vez, como te dije, firmé todo para inscribirme en [a] y estoy en [b]. Me siento bien por haberlo hecho, pero a la vez espero poder tener la paciencia conmigo misma para no tirarme directa al vacío que es ahora mismo [A] para mí. Primero me quiero poner mi arnés y mi casco y mis rodilleras y mis muñequeras y atarme a un árbol o a un palo o a un loquesea que me sostenga para no caer demasiado fuerte, y que sea elástico a ser posible para que, si voy profundo, me tire parriba después a la superficie. Y nada, que para todo eso quería venir aquí a mi casa, tenía q ver mi cama mi estantería (la he ordenado porq ordenar libros me da paz en la cabeza) y las grietas que van acumulando las paredes de esta casa, de la ...

The Sunday Drivers

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Era un nombre estupendo para una banda. Me encantaba escucharles los domingos, también los martes, los viernes, los sábados. Me rompieron el corazón cuando pusieron fin a su carrera juntos, terminaron, c'est fini, ya no más música indie pop rock español. I remember summers, on my mind, everything reminds me of you. Y todo en 2009, o 2007, o 2008, no sé. El caso es que son mi banda sonora, la de muchas horas de carretera, involuntarias, para alejarnos del pueblo e ir a la ciudad (un pueblo grande y una ciudad pequeña, pero pueblo y ciudad nonetheless). En esos viajes en coche había que fingir que no nos daba mareos la carretera, que el olor del coche nuevo del divorcio no era desagradable, que aprenderse todas las letras del desamor en inglés era lo normal, lo que está bien, porque era lo que tocaba. No sé si Jero Romero sabe todos los kilómetros que han recorrido sus canciones, aunque quiero pensar que lo intuía si estuvo de acuerdo en darle un nombre como el que le dio al grupo. M...

limón

Me gusta muchísimo el papel que envuelve las bandejitas de pasteles, ese que acaba pringando y es blanco y tiene letras y te dice el nombre del pueblo, el nombre de los Hnos. confiteros X, el año en que empezaron sus abuelos con aquel negocio. Me gusta mucho ese papel porque siempre quiero rasgarlo arrancarlo y llegar al seso de la cuestión, el dulce, que, desorientado y fuera de su vitrina fresquita, se derrite muy poquito a poco y nos hace la boca agua. La bandejita me importa menos, si lleva lazo o no también, incluso si tiene esos cartoncitos que impiden que el azúcar del dulce se pegue al papel por dentro aunque luego siempre se acaba pegando. El papel, sin embargo, es mejor que el que envuelve un regalo de cumpleaños, de amigo invisible o de aniversario aburrido. Ese papel tiene que oler a dulce una cosa loca, puede oler a loca una cosa loca si contiene una también, claro, solo me entenderán los boquerones. El caso es que ese papel es casi el mismo que envuelve los polvorones y l...

cruje el suelo y pasan cosas

Camino por mi casa como quien camina por un secreto: aquí cruje allá hay polvo acá aparta esa caja cerrada con cinta aislante. El cine me lo ha enseñado (¿o fue el Centro de Escritura?), la edición es lo que da el sentido a todo. Camino por mi casa como quien camina por un beso, sin quererlo luego ahogándose luego bailando en él luego olvidando que ocurrió, un poco queriendo un poco sin querer. He dejado de escribir a mis amigas, que van dejando de serlo como a mí me vendieron que iban a ser las amigas, de las de para siempre, de las de llamadas por teléfono largo y tendido, de las que incondicionalmente, bes-fren-forever, te iban a celebrar el cumpleaños fiesta sorpresa más chuli. En su lugar, las amigas a las que he dejado de escribir en realidad leyeron muy bien la letra pequeña, la conocen, ahora la conocemos todas, porque la ponemos en práctica, a la vista está que hemos dejado de escribirnos. En esa letra pequeña se establece que no estamos traicionando ni siendo traicionadas si ...

¿Conoces a James Joyce? No, ¿quién es?, ¿un alumno?

La tarde ya empezó rara. Primero, James Joyce era estudiante (estudiante, además, de Dickinson, para más inri), luego hicimos barricada, luego pensé en el titular pero no en mi contacto de emergencia, ya le llegaría un mensaje, supongo, a todos les llega el suyo, supongo. Llevo corriendo de acá para allá y cargando papeles en la mochila unos días y no los estoy llevando a ninguna parte, solo van conmigo en caso de emergencia, porque un relato de emergencia es todo un concepto, es real como concepto, nunca defrauda ni se queda sin batería, ni probablemente sirva para calmarte, pero no sé, es verdad que pensar en el relato mientras deseas que no pase nada más es más reconfortante que pensar en lo fino que es el cristal, lo rápido que puede romperse una ventana, derribarse una silla (en comparación con la estantería aunque pese mucho, mejor ponemos la estantería), o el inconveniente que supone tener a una persona enfrente en este momento, cuando me preocupa tanto el grosor del sillón que ...

en la mesa de mi cocina gris, en vez de en una cafetería donde da el solecito

Estoy escuchando una canción en finlandés y no hay nada, ni el ruido de mi vida, ni el silencio del teléfono ni el suelo terrible que me atrapa y no me deja abandonarme al sueño y caer en la cama ligera como una pluma, sino rendida como quien no tiene más que perder y se arrastró durante la mañana entera. En este finés no hay nada que pueda entender, nada, ni mucho ni poco, es ruido blanco para quien está todo el día peleando por entender y hacerse entender. No está aquí el calendario, la lista de cosas ni las flores de un vaso con agua que recibí por bonita, callada, nostálgica, capaz. I can't give everything, I can't give everything away.  

Verdad

 mi vela se ha apagado

cert clar i breu

¿Qué idioma es este, que no encaja en mis eses mis erres ni mis cetas? Sabe a niño perdido, a no poder volver a tu casa porque te has dejado la llave y el telefonillo no funciona y no conoces a un solo vecino de la planta porque pa qué darles conversación en el ascensor si es mejor mirar al suelo y hacerse el formal. Aunque los niños no saben ser formales, es por todos sabido, pero ya me entienden. ¿Me entiende alguien? En este idioma que se me resiste, posiblemente no. Hay palabras que nacen de derecha a izquierda y desde abajo arriba. Duermen los silencios porque todo está lleno de jotas. No es un idioma potable, recomendable ni agradecido, lo doman mejor quienes no intentan domarlo. Por poco desaparecen los libros escritos en este idioma, si no fuera por el esfuerzo anónimo de conservadores del patrimonio literario y lingüístico que se dejan la piel (la piel de encuadernar libros, la de seres humanos) y su piel (también de ser humano) por mantener vigentes las leyes que protegen est...

Wellnessenter

Una niña tenía en su corazón un orangután que vivía en un bosque que se vendió por dinero sucio y ahora tiene que limpiar, así limpiaba bailaba y limpiaba, que yo la vi, que todos la vimos.  Otra niña tenía a su madre en el centro de sí misma, entre Oriente Medio y otra orilla oscura llamada Hudson River. Se disfrazó de algo pequeñito, una minúscula en un mundo de mayúsculos, alguien escuchó su historia y quiso ayudarla pero llamó a la policía porque le habían dicho que escuchar era un pecado y los pecados se pagan, se pegan a tu piel y no hay terapia que los borre.  La siguiente niña llevaba un vestido, preguntó cómo me solían llamar porque no quería equivocarse, ella nunca se equivoca y si lo hiciera sería un equívoco. Me sorprendió mucho volver a verla ese día con un chándal, escondida donde yo misma he encontrado un hueco para equivocarme, retirarme, planificar las maneras de escapar de la einsamkeit  que no se soluciona ni con vestidos ni pretendiendo ser perfecta ni...

Viste pantalón crema, camiseta negra, cazadora de cuero marrón, zapatos marrón-rojizos y gafas de sol oscuras