cert clar i breu
¿Qué idioma es este, que no encaja en mis eses mis erres ni mis cetas? Sabe a niño perdido, a no poder volver a tu casa porque te has dejado la llave y el telefonillo no funciona y no conoces a un solo vecino de la planta porque pa qué darles conversación en el ascensor si es mejor mirar al suelo y hacerse el formal. Aunque los niños no saben ser formales, es por todos sabido, pero ya me entienden. ¿Me entiende alguien? En este idioma que se me resiste, posiblemente no. Hay palabras que nacen de derecha a izquierda y desde abajo arriba. Duermen los silencios porque todo está lleno de jotas. No es un idioma potable, recomendable ni agradecido, lo doman mejor quienes no intentan domarlo. Por poco desaparecen los libros escritos en este idioma, si no fuera por el esfuerzo anónimo de conservadores del patrimonio literario y lingüístico que se dejan la piel (la piel de encuadernar libros, la de seres humanos) y su piel (también de ser humano) por mantener vigentes las leyes que protegen estos tesoros muertos, por bucear hasta bien profundo y desenterrar del fondo del océano los manuscritos. Toc, toc, tengo hambre. Vente si te vas a venir, si te vas a venir vente y míralo todo, vívelo todo, bébetelo todo y mételo en una botella de plástico y recicla la botella de plástico y salva el árbol número 21009. No hay de qué esconderse, si tienes hambre dilo porque ella no lo va a decir. No se sabe de dónde viene el hambre, solo que aparece y te carcome por dentro hasta que puedas comerte tú algo y ya se relaja. Es, también ese, un idioma incomprensible que solo pueden hablar los órganos internos y determinadas partes del alma partida en cuatro, las que se ocupan de los impulsos más bajos. Cuando te vienes no hay quien te explique porque aunque todos conocen el idioma y lo hablan, nadie ha estudiado para explicarlo, ¿sabes? No existe como tal una carrera ni un máster, al menos no un máster que cuente como máster, es un título propio, creo, en algún lugar que nadie recuerda o quiere recordar. Por eso si te vienes, piensa y no pienses que puedes venir sin pensártelo, como muchos dicen que vienen. Si no lo piensas vas a perder el tiempo pensando lo que está pasando y cuando lo hayas pensado ya habrá pasado, así que o lo piensas primero y luego lo haces, o no lo pienses y no vengas o ven sin pensar nada ni siquiera cuando estés aquí. Supongo que esas son las opciones; como te digo, las normas sobre esta manera de entender el mundo son limitadas porque nadie se dedica a su estudio ni hay esfuerzos prescriptivistas. Es raro, pero tienes que dejar que se te manchen los dedos de la tinta con la que se escribe este idioma, sin darle más importancia, mancharlo todo y después tratar de recolocarlo para que al verlo desde cierto ángulo no se note, como si no hubiera pasado, incorpora, digamos, la mancha. Con suerte, no se dará cuenta nadie.
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