tú que vienes a rondarme
parece que cuando bailas se alinean nuestros calendarios y podemos permitirnos tomarnos la ración de conversación que llevamos meses postergando. luego hacemos como que no, que no hemos hecho, no hemos dicho, pero al mirarnos sabemos que estamos tirando la piedra y escondiendo la mano. rayo de ti río de mí. jamás estuve en una verbena y no tengo ganas de saber por qué te diviertes tanto en todas las que seguramente has celebrado. al final solo me apetecerá que veamos esa peli, que se acabe de quemar la pizza del horno, el diminuto mundo de tu nevera congelando nuestro silencio de sofá en el fondo, todas las monedas que pueda encontrar entre los cojines para ponerlas sobre tu bota. puedes salvar todo el ruido y la prisa si dejamos de mirarnos y hacemos algo, pero es la única forma que tenemos de saber que el otro está bien. la historia pierde siempre la memoria y tú y yo no sé si somos protagonistas, porque somos demasiado conscientes de que nos están narrando. dime qué hago con tus ojos y estas ganas de mirarlos siempre
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